Hay una pregunta simple que puede revelar mucho sobre tu relación con el lugar donde vivís:

¿Tu casa habla de vos?

No de la persona que eras hace diez años. No de la persona que otros esperan que seas. No de la que te imaginabas ser hace 20,10, 5 años atrás. No de la persona que aparece en Pinterest. De vos hoy.

De la que se despierta cada mañana en ese espacio, atraviesa sus días, celebra sus logros, sostiene sus desafíos y sueña con lo que viene. Porque aunque no siempre seamos conscientes, nuestros hogares cuentan historias. Hablan a través de los objetos que conservamos, de los rincones que cuidamos, de los espacios que evitamos y también de aquello que postergamos una y otra vez.

Muchas veces sentimos que algo no termina de encajar en nuestra casa. No necesariamente porque esté desordenada, porque los metros no te alcancen, o porque le falten muebles. Simplemente porque dejó de representarte. Y eso suele ocurrir cuando nosotros cambiamos, pero nuestro entorno no. Nuestro hogar queda atrás.

Crecimos con el PARA TODA LA VIDA!

Escuchamos tanto esa frase, cual mantra, porque la carrera que elegiríamos era para toda la vida, la pareja, la casa, los gustos, todo tenía que ser para SIEMPRE. Y nada puede ser tan irreal como pretendernos estáticas al paso del tiempo, como si fueramos maniquíes y la vida nos pasara como una película. Si todavía estas en ese loop te ayudo a sacarte esa mochila.

La vida profesional puede cambiar, tu pareja puede ser otra, tus gustos, tus deseos, tus expectativas de la vida, tus sueños, tu casa, a realidad misma muta dia a dia.

Una vez que hiciste carne eso, el reconocimiento de ese cambio es inevitable. Por suerte!

La vida está en constante movimiento, crecemos, aprendemos, atravesamos pérdidas, construimos nuevos sueños, cambiamos prioridades. Sin embargo, muchas veces nuestras casas quedan congeladas en versiones anteriores de nosotros mismos.

El escritorio que ya no usamos. Los colores que elegimos en otra etapa. Los ambientes que responden a necesidades que ya no existen. Los objetos que conservamos por costumbre más que por elección. Poco a poco, el hogar deja de acompañar nuestro presente y comienza a sentirse ajeno. No porque esté mal. Simplemente porque ya no cuenta nuestra historia actual.

Las neurociencias nos muestran que el entorno influye permanentemente en nuestra experiencia cotidiana. Nuestro cerebro procesa de forma constante la información que recibe del espacio: la luz, los colores, el orden visual, las texturas, los estímulos y la distribución de los ambientes. Por eso hay lugares donde nos sentimos en calma y otros donde experimentamos una incomodidad difícil de explicar.

Suele resultar difícil ponerlo en palabras, pero nuestro cuerpo lo sabe, y lo manifiesta como puede: muchas veces esa sensación persistente de cansancio, desconexión o falta de inspiración tiene más relación con el entorno de la que imaginamos.

Lo más importante es ser consciente de que tu casa no necesita ser perfecta ni sacada de PInterest. No necesita seguir tendencias. Lo que necesita es representarte y sostener la vida que querés vivir hoy porque cuando existe coherencia entre quién sos y el espacio que habitás, algo cambia. Las decisiones se vuelven más claras, el descanso es más profundo y sobre todo la sensación de pertenencia aparece.

Y el hogar deja de ser simplemente el lugar donde vivís para convertirse en el lugar donde realmente podés ser y en consecuencia, se transforma es un lugar donde querés estar.

Te propongo un pequeño ejercicio:

Mirá a tu alrededor. Observá el espacio donde estás ahora mismo.

Y preguntate:

Si alguien entrara hoy a mi casa, ¿podría descubrir quién soy realmente?

La respuesta puede decir mucho más de lo que imaginás.¿Refleja de tus experiencias, tus valores, tus necesidades y tus sueños? Cuando empezás a habitar un espacio que te representa, algo dentro tuyo también encuentra su lugar.

"No transformamos nuestros hogares para ser felices. Muchas veces comenzamos a ser felices cuando nuestros hogares empiezan a reflejar quiénes somos."

Tomar conciencia de este es el primer paso, empezar a mover las piezas hace que puedas lograr una casa alineada a tu YO DEL PRESENTE.

Si sentis el sintoma pero no podes ir a la raíz, ¡escribime y charlamos!