Muchas veces me dijeron “Tenés buen gusto, deberías ser decoradora”. Para dedicarse al diseño de espacios no alcanza con solamente llevarte bien con la elección de colores o combinar bien muebles y objetos. 
Porque el asunto no se trata solo de los espacios, se trata de las personas y sus espacios. De cómo viven y cómo se sienten.

Ahí llegamos a cómo una decisión de diseño puede cambiar la experiencia cotidiana de alguien. Y entonces aparece una pregunta difícil de ignorar:

¿Es posible ejercer el interiorismo de una manera más profunda?

No porque el diseño tradicional esté mal, solo que no alcanza si nos quedamos en la superficie. La estética, la funcionalidad y la técnica seguirán siendo fundamentales, pero quedan aspectos sin abordar.

Muchas profesionales me consultan porque quieren comprender mejor a sus clientes, acompañar procesos y lograr diseñar espacios con significado. Quieren sentir que su trabajo deja una huella más allá de una entrega final. Eso a mi, ni en la carrera de diseño de interiores ni en arquitectura, me lo enseñaron, por eso inicié una búsqueda mucho más profunda.

Cuando el próposito en acompañar a las personas en un cambio profundo, cambiar el estilo, el color, o los muebles definitivamente no alcanza, si no hay una mirada integral por detrás. Esos cambios van a ser una consecuencia de un proceso y no el cambio en si mismo..

Cada hogar cuenta una historia. Cada ambiente refleja necesidades, hábitos, emociones, desafíos y sueños. Cuando comenzamos a observar los proyectos desde esa perspectiva, el trabajo deja de centrarse exclusivamente en muebles, materiales o colores para pasar a centrarse en las personas.

Ese cambio de enfoque transforma por completo la experiencia profesional. Porque ya no estamos diseñando únicamente espacios más lindos. Estamos ayudando a crear escenarios para una vida más alineada, más consciente y más coherente con quienes nuestros clientes son y desean ser.

Creo profundamente que nuestro trabajo tiene el potencial de mejorar la calidad de vida de las personas, no porque tengamos todas las respuestas, sino porque podemos ayudarlas a hacerse mejores preguntas. Las preguntas son LA CLAVE.

Podemos acompañarlas a descubrir qué necesitan, qué quieren conservar, que necesitan soltar, y como quieren vivir en esta nueva etapa de sus vidas.

Cuando entendemos esto, el diseño deja de ser únicamente una profesión, para convertirse en una herramienta de transformación.

Los cambios nos hacen crecer, o quizás crecemos porque nos animamos a cambiar. Abrirnos a nuevas formas de ejercer el interiorismo no significa abandonar lo que sabemos, significa expandirlo, incorporar nuevas herramientas, desarrollar una mirada más profunda, confiar en que podemos aportar algo más que soluciones estéticas.

Porque si existe una forma de ejercer esta profesión desde un lugar más conectado con nuestro propósito, ¿por qué no explorarla?

Tal vez el futuro del interiorismo no consista solamente en transformar espacios. Tal vez consista en acompañar a las personas a transformarse a través de ellos. Yo caminé ese camino en sola, buscando referentes, creando mi propio método, sumando formaciones que me dieran herramientas que no tenía. Me hace feliz acompañar a profesionales en ese camino, charlamos?